Si eres aficionado al cine y fuiste adolescente en la década de los 80, cuando oigas ”Don’t you Forget About Me…” seguramente te vendrá a la cabeza El Club de los cinco, el mítico título que despierta en muchos de nosotros una nostalgia especial y supera claramente a las comedias teenager actuales.

El Club de los cinco no es, al menos en cuanto a forma, tan diferente a las comedias adolescentes que tanto gustan a los yankees y que exportan como churros, pero su director John Hughes estuvo bastante más sembrado que en el resto de títulos con los que abordó la misma temática. Para empezar porque su retrato de instituto, también ligado a los tópicos (no falta la pija, el macarra, el guaperas o el empollón), pone interés en cada uno de los personajes que lo componen consiguiendo muy acertadamente que nos familiaricemos con cada uno de ellos, dejandonos bien claro su objetivo de evidenciar que pese a las diferencias entre cada uno de nosotros no dejamos de estar hechos de la misma pasta. Hughes tampoco necesita más que una simple biblioteca y un plantel mínimo de personajes para contar una historia que consigue manternos enganchados a la pantalla durante su poco más que hora y media de duración; aquí hay lugar para la risa (sin necesidad de chistes repetitivos y escatológicos) y el drama.

En lo referente a la elección de actores (uno de los grandes aciertos de la película, sin lugar a dudas) cada uno parece haber nacido para interpretar sus respectivos roles, especial mención a un sensacional Judd Nelson en el papel de macarra, así como de Paul Gleason en su ya mítico papel de profesor estricto.
En definitiva, si has nacido o no en los 80, no puedes dejar escapar la oportunidad de pasar un día castigado y formar parte de El Club de los cinco.

Puedo decir que he visto practicamente todo en el género slasher, desde la famosa Viernes 13 a El tren del terror, pasando por otros titulos “menos conocidos” como Curtains, Alice, sweet Alice o The House on Sorority Row, y es por ello que me atrevo a decir que, pese a los seguidores que tiene, pocos géneros han proporcionado una cantidad de bodrios tal como el que nos ocupa, compuesto po no mucho más que tres buenos títulos (alguno mejor que otro) entre los cuales no falta por supuesto Halloween de John Carpenter (lógicamente no voy a hablar del esperpento estrenado recientemente bajo el mismo título)

Es inevitable afirmar que Halloween, pese a tener una antecesora llamada Navidades Negras que ya tocaba algo similar al slasher, ha sido la gran pionera de este subgénero y que con ella empezó y terminó la época de esplendor del género del psicópata que se dedica a apilar victimas, demonstrándonos que incluso con argumentos simples y medios tan ajustados el talento aflora. Y es que el hecho de que Halloween sea el slasher por excelencia no es fruto de la casualidad. Su secreto radica en que no se limita a mostrar muertes como único objetivo, ni a utilizar el típico susto para dar miedo; Carpenter, usando una más que brillante planificación de las escenas, se sirve poco más que de un escenario urbano y una minimalista banda sonora para conseguir lo realmente importante en toda buena película de terror que se precie, una inquietante atmósfera que logra conectar con el espectador.

Sin embargo lo que vino después en lugar de sacar algo provechoso de semejante legado, no hizo más que reafirmar aún más el talento del director newyorkino frente a la mayoría de directores que o sencillamente eran malos porque sí, o necesitaban dinero a toda costa a base de subirse al carro del éxito de este tipo de películas. Sea como fuere, se acabó por convetir lo que podría haber sido un subgénero en un montón de títulos infumables ahogados en un pozo de casquería, muertes indiscriminadas sin motivo y escenas simplonas.
Gran escena copiada hasta la saciedad.

Teniendo en cuenta lo dicho, y a tenor de la escasez de propuestas interesantes, podemos decir que slasher más que un subgénero sería algo así como una corriente cinematografica puramente comercial nacida a la estela de uno de los mayores clásicos del cine de terror de la mano de John Carpenter, y que, aparte de la descrita Halloween, apenas tres o cuatro de sus títulos merecerían una mención en cualquier artículo de buen cine de terror.

El sábado fui a ver Rec, sí esa que cuando se la nombras a alguien, te dice: “sí, he visto la dos y la tres”, y tienes que aclarar: “No, SHRECK no: R-E-C”

Sobre la película tengo poco bueno que decir…mejor centraré mis esfuerzos en comentar el rato que pasé junto al par de niñatas que tenía sentadas justo a mi lado.

Habiamos entrado en la sala y habíamos tomado asiento en una de las butacas del lateral, yo me acababa de descalzar (esto me produce un alivio tremendo), en aquel momento  llegaban dos adolescentes que al llegar tarde tuvieron que pasar por delante de mí que ya estaba aposentado para acceder a sus butacas numeradas, no sin antes pisotearme, primero una en un pie, y luego la otra en el mismo pie y en el otro, como si quisiera rematar la faena que su amiga había dejado inacabada. Mi reacción inmediata fue gritar: “¡joder, me van a matar!”, y ellas se giraron pidiendo perdón. Lo mejor vino después, las dos niñatas estaban literalmente acojonadas, cada vez que la película hacía amago de dar algún susto, sollozaban y respiraban fuerte y de forma continuada, y en cuanto llegaba el momento culminante, pegaban un grito seco y desgarrador, capaz de reventar el tímpano a un obrero de la construcción acostumbrado a perforar suelos y provisto de protecciones auditivas.
Al principio me hizo gracia, pero cuando el chillido desgarrador se repetía una y otra vez cada vez que la película pretendía asustar me empecé a mosquear. Lo único que lograba sobresaltarme en aquel lugar, además de ponerme de mala leche, no era la calidad de la película por la que había pagado, sino el par de elementos que tenía justo al lado. La histeria empezó a apoderarse de mí, e incluso empecé a darle vueltas a la idea conspiranoica de que todo era una estrategia de los productores para compensar la mala calidad de su película pagando a extras para dar sustos desde el patio de butacas, como si se tratara de un tunel del terror o una peli de William Castle. Era tal mi desespero que me levanté de la butaca y me dirigí sigilosamente a la vitrina contra incendios. Me enrollé el jersey en el brazo y de un golpe seco rompí el cristal justo cuando la película daba otra de sus subidas de volumen. Saqué el extintor y me dirigí de nuevo hacia mi butaca. Me senté como si no hubiera pasado nada, y aprovechando una nueva subida de volumen levanté el extintor a media altura y las golpee repetidas veces mientras duró buena parte de la “terrorífica” escena que acaecia en pantalla.

De pronto desperté, mi novia me advertía de que la película había acabado. Miré hacia al lado, y allí estaban las dos chicas, levantadas y poniéndose el abrigo.
Sus gritos habían penetrado en mi sueño y se habían convertido en protagonistas. Sobre la película, ni me preguntéis.

Si buscamos entre las películas más infravaloradas de los 90, casi siempre acaba sonando este título, El último gran héroe, un film que no cuajó entre el público ni la crítica pese a contar con estrellas tan en boga en aquella época como Arnold Schwarzenegger. Pero por muy paradójico que pueda resultar, precisamente esa podría ser la causa de su fracaso en taquilla, el hecho de que el público buscara otro éxito de acción más del mazas austriaco, quien, para sorpresa de muchos, protagonizó una película que se atreve a parodiar las películas que en su día lo llenaron de gloria.

Ver El último gran héroe es sumergirse en el sueño que todos hemos tenido alguna vez de niños, vivir en carne y hueso una película con nuestro héroe favorito y protagonizar junto a él las mayores aventuras, y de hecho esa es la esencia de esta película, cine dentro del cine, un viaje por las entrañas de aquellas cintas de acción de los 80 que muchos tuvimos la ocasión de disfrutar y que tantos buenos momentos de entretenimiento y diversión nos proporcionaron. Y todo esto, se refleja en El último gran héroe sin renunciar a su claro objetivo de ser otra película de evasión más que, sencillamente, juega a autoparodiarse; de hecho, ¿quien mejor que el propio McTiernan para atreverse a parodiar el cine que tan bien conoce?
La cinta de McTiernan tambien intenta dar homenajear, recurriendo de nuevo al “meta-cine”, al “personaje” como tal, aquel gran olvidado bajo el nombre del actor en los créditos, del que nos hemos llegado a enamorar, hemos querido como un amigo o hemos odiado a rabiar. Además funciona también como una representación de las diferencias entre el mundo real donde el tedio y las limitaciones las impone la propia realidad, y la magia del cine, donde cualquier cosa puede ocurrir y la emoción y acción están aseguradas.

Y me parece que con esto ya he enumerado suficientes razones como para tener en cuenta entre las películas de la década de los 90 a El último gran héroe. Un resumen a modo de parodia de lo que fue nuestro querido (para algunos) gran cine de acción de los 80.

Por fin el género de terror está de enhorabuena, y eso se lo debemos a la reciente adaptación que ha hecho el director Mikael Håfström de un relato del célebre Stephen King.

La película parte de una historia bastante típica: escritor que se aloja en un hotel y se enfrenta con lo sobrenatural. A simple vista no diríamos que estamos ante uno de los relatos más originales de King, ni da que pensar siquiera sobre una buena adaptación, sin embargo el director sueco logra captar con gran acierto sensaciones como la angustia o la soledad para plasmarlas en forma de pesadilla asfixiante, todo llevado a cabo con una dirección sólida que no necesita recurrir al típico susto fácil ni a los regueros de sangre de las películas estilo “Hostel”. 1408, aunque no deje de lado el típico carrusel de efectos especiales (que por lo menos aquí están a disposición de la historia, y no viceversa), es terror a la vieja usanza, del que se preocupaba en elaborar una atmósfera.

Sobre John Cusack, en quien recae buena parte del peso de la película, hay que decir que realiza un trabajo realmente bueno dentro de sus posibilidades. En cuanto a Samuel L. Jackson, la verdad es que se le echan en falta unos minutillos más en pantalla.

Sólo lamento que con la conclusión final el film pierda esa ambigüedad con la que acertadamente va jugando durante todo el metraje.
Pero como ha dicho alguno, se trata de un relato de King, y tampoco vamos a pedirle más peras al olmo.


Su cartel siempre me acojonó.

Nueva secuela de un éxito de los 80 que comentamos en este blog, y de nuevo nada que envidiar a la primera parte.
Además de funcionar a la perfección como continuación manteniendo los mismos personajes, la secuela de Tommy Lee Wallace (por cierto, ayudante de Carpenter en sus inicios) introduce nuevos y estupendos personajes como el hombre lobo o el come-insectos a lo Renfield (de hecho, la novela de Bram Stoker es referenciada aquí continuamente).
Los fx en esta segunda parte vuelven a estar al nivel de la primera, por lo que la diversión está asegurada.

Como curiosidad señalar que el actor que se alimenta de insectos, Brian Thompson, es conocido por sus papeles de secundario entre los que destaca el punkarra de Terminator o el asesino psicotico de Cobra.

Y nada más, si has visto la primera y te ha gustado, disfrutarás como un enano con esta segunda parte aún más terrorífica.

Hasta ahora, debido a algunos comentarios que había leído, me resistía a darle una oportunidad a ésta El vuelo del navegante, pensando que era una de esas típicas películas que te gustan de crío y luego cuando las ves de mayor te arrepientes de no haber seguido manteniéndola intacta en tu memoria. Pero ayer al fin, aún con los prejuicios que las críticas leídas me habían infundido, me decidí a echarle un vistazo.

De entrada y después de verla tengo que decir que me he dado cuenta de que o bien se había borrado completamente de mi memoria (lo cual no creo ya que recuerdo peliculas mucho peores de mi infancia) o bien no la había visto, lo cual es más probable, y la verdad no consideraría a esta película como una de ésas que con el paso de los años no se dejen ver.
En primer lugar tenemos una realización que, aunque con regustillo a telefilm, cuenta con una más que correcta dirección del director de Grease que nos brinda estupendas escenas a bordo de la nave a toda velocidad, así como nada más y nada menos que uno de los primeros usos de la técnica de “morphing” que convierte una vez más a Disney en pionera en el campo infografico. Por otro lado, el planteamiento de la historia es tratado con la suficiente seriedad como para ser visto por cualquier persona de cualquier edad y no tener la sensación de estar ante un producto destinado unicamente al público infantil, al igual que la línea de diálogos, que goza de la credibilidad suficiente como para poder tomársela medianamente en serio. Encima la música de Allan Silvestri (conocido por ser el compositor de la b.s.o. de Regreso al futuro) colabora aún más a darle esa aura mágica al film que lo convierte en un perfecto exponente del cine fantástico que se hacía en los 80. Y sí, supongo que la nostálgia que desprende también puede ayudar a que te cale más hondo…

Podemos achacarle un diseño de producción un tanto ramplón, así como un final especialmente ñoño, pero tampoco son detalles que eviten disfrutarla sin problemas si lo que quieres es sentirte como un niño gracias a esa magia que el cine fantástico sabía trasmitir sobre todo antaño.

Magnífica secuela de la exitosa Night of the Demons aún más delirante y salvaje. La acción esta vez se centra sobre todo en el campus universitario (y ya sabéis lo que esto significa: chicas desnudas, adolescentes en celo, etc) donde los protagonistas se verán amenazados por los poderes malignos de Angela que ha vuelto después de ser invocada por error. Aquí, además, podremos ver a Melissa, la hermana pequeña de Angela, que vive atemorizada por los hechos acontecidos años atrás en la famosa mansión.

La película cuenta también con la siempre estimulante presencia de Zoe Trilling, cuyo ataque tetil da muestras de lo bien aprovechados que están los estupendos fx en esta segunda entrega.


Zoe Trilling, su mejor aportación salta a la vista.

Como curiosidad, decir que Robert Rodriguez y Quentin Tatarantino con la gracieta de ir cogiendo de aquí y allá se fusilaron íntegros algunos gags de esta pelicula para Abierto hasta el amanecer.

Sin duda un caramelito para todo buen amante de la serie b de horror.

Antes de empezar a enumerar las que son a juicio personal las mejores películas de zombies, me gustaría aclarar que en esta lista mi intención es incluir aquellas peliculas que se ajustan en mayor o menor medida al concepto de zombie tal y como George A. Romero lo concibió allá en el 68, en su ópera prima “La noche de los muertos vivientes”, es decir: los no-muertos apocalípticos, alejados del rito vudú y temiblemente cercanos. Todo ello, obviando las secuelas de ésta, ya que además de ser suficientemente conocidas, como mínimo para la mayor parte de seguidores de este género, coparían igualmente los puestos más altos de la lista impidiendo dar a conocer otras propuestas de distintos directores.

lndlmvpost.jpg1. La noche de los muertos vivientes, George A. Romero (1968). El comienzo del zombie tal y como lo contemplamos en esta lista. Una especie de mezcla entre el cine de suspense de Hitchcock y la serie b a lo Jacques Tourner confeccionado sobre un claro trasfondo social. A partir de este film, que obtuvo una extraordinaria acogida gracias sobre todo al público asiduo a las sesiones golfas, comenzó el despegue del cine de muertos vivientes.

regresomuervpost.jpg2. El Regreso de los muertos vivientes, Dan O’Bannon (1985). Falsa secuela de la película de Romero que inauguró la vertiente más hilarante de los no-muertos. Destaca por su originalidad a la hora de dar un enfoque distinto a la película de 1968: zombies que hablan, se alimentan de cerebros y hasta corren. Contiene escenas míticas que la convierte en una delicia para los fans, como el baile de Linnea Quigley en el cementerio, o el medio-cadáver que contesta a los protagonistas.

zombiespartypost.jpg3. Shaun of the dead, Edgar Wright (2004). Comedia encuadrada en el marco de las plagas zombie típicas de Romero. Desenfadada, fresca y con un humor de un nivel que dificilmente puede encontrarse en las comedias actuales made in Hollywood. No en vano, estamos hablando de una producción británica. 
Altamente recomendable.

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4. Braindead, Peter Jackson (1992).
Película que no destaca precisamente por su forma elegante de buscar el humor, pero vamos, que otra cosa cabe esperar de un director como Peter Jackson allá por sus inicios. De esencia puramente freak, con mucho gore y humor negrísimo, pero con suficiente talento de por medio como para ser disfrutada por cualquiera que busque cierta calidad en una película de este tipo.

28diaspo.jpg5. 28 días después, Danny Boyle (2002). Grata sorpresa proveniente una vez más del Reino Unido, y una más que agradable revisitación al cine apocalíptico y a los clásicos de Romero y Fulci. Aquí los “zombies”, que son reciclados a algo así como personas contagiadas por algún tipo de virus, corren a una velocidad endiablada y su ira es terriblemente irrefrenable. Si te gustan este tipo de películas no la puedes dejar escapar.

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6. Mi novia es un zombi, Michele Soavi (1994).
Película de un acabado visual sorprendente, manierista podría decirse. Un protagonista (Rupert Everett) a la altura, algun que otro personaje esperpéntico, y, sobre todo y ante todo, una hermosa Anna Falchi, hacen de esta película una cinta digna de ocupar un buen lugar dentro de lo mejor del género.

images2.jpg7. Re-animator, Stuart Gordon (1985). Posiblemente la mejor y más conocida película del tandem Yuzna-Gordon, cuando aún estaban lejos de los bodrietes de la Fantastic Factory. Aquí los zombies, al igual que en El regreso de los muertos vivientes, son capaces de hablar, y el gore es el sumo protagonista de esta película de terror lovecraftiana cien por cien artesanal.

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8. Zombi 2, Lucio Fulci (1972).
Típica producción made in Fulci, es decir, montaje abrupto, saltos inconexos entre escenas y demás lindezas propias del cine de terror italiano de la época. Por lo demás, vale la pena echarle un vistazo por la extraordinaria labor de maquillaje, y sobre todo por sus escenas inolvidables: el enfrentamiento tiburón vs zombie, la astilla en el ojo, el grandioso final…

nochemv2post.jpg9. Children shouldn’t play with dead things, Bob Clark (1972). Homenaje entre amigos que marcó el comienzo en el cine del director de Porky’s, Bob Clark. Pese a la larga espera (una hora aproximadamente) para ver algun zombie en movimiento, no decepciona. Serie z atmosférica y con una parte final que forma parte de lo mejor del cine de zombies.


lesrevenants.jpg10. La resurreción de los muertos, Robin Campillo (2004). Acercamiento bastante más serio y realista al muerto viviente de lo que el género nos tiene acostumbrados, planteando la duda de qué pasaría si nuestros difuntos volvieran a la vida como seres humanos normales que quieren reintegrarse en nuestra sociedad. Vale la pena, pero a juzgar por el planteamiento inicial, podría haber dado más de sí.


Los 80 fueron una época muy productiva sobre todo en lo referido al cine fantástico y de terror, dejando alguna que otra joya muy de mi agrado. Aun así, no me considero como algunos,un obstinado seguidor de la mayor parte de este tipo de producciones en dicha década, ni tampoco Jóvenes Ocultos se encuentra entre mis títulos de cabecera, es más, la considero una horterada videoclipera. Pero a veces me gusta asomar la cabeza entre títulos más o menos olvidados de este género en busca de algo que como mínimo me entretenga y logre, segun mi criterio, ganarse el aprobado.

Rebuscando el otro día entre cintas olvidadas, di con Witchboard (Juego Diabólico), una entretenida película de terror que aborda con cierta seriedad el tema de la Ouija. Como muchas películas que se hicieron en aquella época, Witchboard está destinada al entretenimiento, pero como muchos sabréis esto no significa hacer un truño repleto de personajes planos y escenas vanales, sino una película que, pese a no profundizar en ciertos temas , consiga como mínimo su propósito dentro del género que toca sin insultar al intelecto del espectador, y en este aspecto el título que nos ocupa podría ser un claro exponente. Los jóvenes protagonistas, al contrario que en la mayoría de películas de este estilo tipo Viernes 13, no son inútiles sin cerebro que se pasean por la película esperando su turno para que los liquiden, sino personas normales aterrorizadas por un hecho escalofriante como es el contacto con el más allá mediante el tablero Ouija. Aparte, las escenas terroríficas están bastante bien resueltas, y el terror no está buscado a base de enseñar sangre, sino intentando mantener una atmósfera aterradora. Ah, y además el cartel que se hizo en su día para el film…magnífico.

Todo este protagonismo que le estoy dando a esta entrañable película ochentera, que en cierta manera puede parecer excesivo tratándose de una cinta que rasparía el aprobado y defrauda por esa parte final de la que personalmente esperaba más (suerte que posee uno de esos finales sorpresa típicos de los 80 que tanto me gustan), es lo mínimo que cabría esperar de una película perteneciente a uno de los géneros más vilipendiados en la actualidad, asqueado con tanto truño en forma de remake y demás horteradas dudosamente encuadradas en el género, y cuya búsqueda del terror se reduce a efectismos baratos y sustos aderezados con las subidas de volumen de turno.