No poco comentada es, entre los círculos de aficionados al cine de terror “chungo”, la incapacidad del hijo del conocido director italiano Mario Bava para llevar a buen puerto cualquiera de sus películas, comparando continuamente la trayectoría de Lamberto con la de su padre, despreciandolo e incluso llegando a tildar de genio a éste último. Pues bien, mi opinión difiere bastante de esto.
Para empezar, porque el garrulismo de Lamberto Bava, aunque suele ser el argumento preferido por no pocos aficionados a este tipo de cine, a mi entender es justo lo que hace interesante un tipo de películas cuyo sello característico nunca ha sido su calidad. ¿O es que alguien espera encontrar obras maestras en el cine de terror italiano? es más, ¿a cuento de qué, algunos aficionados a este cine, prefieren sutilezas antes que momentos verdaderamente cafres y delirantes? Me sorprende que este tipo de público busque obras maestras en un género basado en la explotación o la casquería, exceptuando como mucho los títulos más sutiles de Bava como Seis mujeres para el asesino, que si las comparamos con otras buenas películas de suspense, tiene muy poco que hacer.

Su único error fue ser hijo del idolatrado Mario Bava.
Es evidente el talento de M. Bava en el terreno estético, en el que claramente triunfó y más tarde llegó a influenciar a directores como Argento, pero no puedo decir lo mismo en cuanto a la calidad cinematográfica de sus películas, que como mucho, llegan a correctas. Y si no, hagámos un repaso a algunos de sus títulos más característicos.
Bahía de Sangre; “inspiradora” de películas mucho más conocidas como Viernes 13, con momentos gore realmente destacables, pero bastante desigual, y con momentos realmente infumables. Las tres caras del terror; la primera historia me parece pasable, la segunda…aburridísima, y la tercera, es posiblemente lo mejor que llegó a hacer M. Bava. Shock; una de mis favoritas de Bava y en la que, curiosamente, partició su hijo. En cuanto a la obra más famosa del director, La máscara del miedo, excepto por las apariciones de la misteriosa e inquietante Barbara Steele, siempre me ha parecido un poco aburrida.
Al menos, si hablamos de Lamberto, hoy perdido entre producciones para TV y películas de Barbie (y no es broma), tenemos las Demons, auténticas gamberradas gore, dementes y entretenidas a partes iguales, y que hasta poseen algún momento para el recuerdo. Cena con el vampiro; una película altamente recomendable por su cutrez visual y altas dosis de entretenimiento. Crímenes en portada; a la que tenemos que agradecer la incursión en el cine de la mítica Sabrina Salerno haciéndolo de lo mejor forma posible (aparece desnuda y muriendo desnuda en las dos únicas escenas que protagoniza), así como la siempre generosa presencia de ese par de enormes ubres andantes que es Serena Grandi, cuyo apellido no puede ser más acertado. O esa cinta en la mejor tradición de Argento, llamada Cuchillos en la oscuridad, donde el bueno de Lamberto se carga practicamente a la totalidad del reparto.
Y todo esto, teniendo en cuenta que gran parte de sus peliculas fueron concebidas en apenas una semana.
Está clarísimo que a nivel puramente cinematográfica no puede compararse a Lamberto con su padre, a quien además siempre es de recibo agradecerle ser el fundador de un estilo que aún a día de hoy genera nuevos títulos y aficionados, que ha dado algún que otro momento brillante dentro del género de terror, y gracias al cual, sobre todo, existe Suspiria y su estupendo inicio.

De las películas gore a ritmo de heavy metal a las películas de Barbie sólo hay un paso. Y si no que se lo pregunten a Lamberto.
Yo mientras tanto si quiero una buena película de asesinatos y suspense, disfruto de una película de Hitchcock o alguno de los capítulos de su serie (que siguen siendo superiores a cualquier película de suspense de Bava), si quiero un giallo potente, veo el comienzo de Suspiria o alguna escena de Aquarius, y si quiero disfrutar del cine en su vertiente más cutre, cafre, e incluso entretenida, opto por recurrir al cine delirante de Lamberto Bava.