Skip navigation

Curioso film desconocido para gran parte del público, aun tratándose de una de las reconstrucciones más impresionantes y ajustadas a la realidad realizadas sobre los hechos acontecidos en Plainfield de la mano del psychokiller Ed Gein.

He de decir que al visionarla me ha sido inevitable no compararla, casi de forma inconsciente, con otro clásico del género: La Matanza de Texas, con la que curiosamente, y pese a haber sido estrenadas ambas el mismo año, guarda ciertas similitudes que van más allá de inspirarse en el mismo personaje, como por ejemplo su estética y algunos planos que llegan a guardar un cierto parecido. En cualquier caso, y sin dejar de lado la comparación entre los dos títulos, Deranged, al contrario que La Matanza de Texas, no se inspira timidamente en la figura del carnicero de Plainfield, sino que reproduce con enorme exactitud tanto la personalidad y la figura -ya sea a nivel físico como mental- de Ed Gein. Para conseguirlo Deranged no sólo recurre a unas pautas similares a la filmación de un documental, como es el caso del título de Hooper, sino que pretende serlo, no escatimando detalles a la hora de mostrar los hechos. Lo que aquí se trata es de adentrar al espectador con el mayor realismo posible en la mente enferma de Ed. En lo que sí no se ajusta la película a la realidad es a la hora de dar nombres reales, en ningún momento escucharemos aquí los verdaderos nombres de los protagonistas ni de los lugares donde acontecieron los hechos y tendremos que conformarnos con otros totalmente ficticios que como mucho guardan un cierto parecido con los originales.

Lo dicho, que sea una película un tanto difícil de digerir por su pretensión de parecerse a un documental, llegando a alargarse de forma que en ocasiones resulta algo aburrida, no quita que se trate de un film interesante sobre todo si existe en el espectador cierta predisposición de visionar con todo lujo de detalles las retorcidas aficiones de uno de los psychokillers más temidos de todos los tiempos.

Info sobre Ed Gein

Puedo decir que he visto practicamente todo en el género slasher, desde la famosa Viernes 13 a El tren del terror, pasando por otros titulos “menos conocidos” como Curtains, Alice, sweet Alice o The House on Sorority Row, y es por ello que me atrevo a decir que, pese a los seguidores que tiene, pocos géneros han proporcionado una cantidad de bodrios tal como el que nos ocupa, compuesto po no mucho más que tres buenos títulos (alguno mejor que otro) entre los cuales no falta por supuesto Halloween de John Carpenter (lógicamente no voy a hablar del esperpento estrenado recientemente bajo el mismo título)

Es inevitable afirmar que Halloween, pese a tener una antecesora llamada Navidades Negras que ya tocaba algo similar al slasher, ha sido la gran pionera de este subgénero y que con ella empezó y terminó la época de esplendor del género del psicópata que se dedica a apilar victimas, demonstrándonos que incluso con argumentos simples y medios tan ajustados el talento aflora. Y es que el hecho de que Halloween sea el slasher por excelencia no es fruto de la casualidad. Su secreto radica en que no se limita a mostrar muertes como único objetivo, ni a utilizar el típico susto para dar miedo; Carpenter, usando una más que brillante planificación de las escenas, se sirve poco más que de un escenario urbano y una minimalista banda sonora para conseguir lo realmente importante en toda buena película de terror que se precie, una inquietante atmósfera que logra conectar con el espectador.

Sin embargo lo que vino después en lugar de sacar algo provechoso de semejante legado, no hizo más que reafirmar aún más el talento del director newyorkino frente a la mayoría de directores que o sencillamente eran malos porque sí, o necesitaban dinero a toda costa a base de subirse al carro del éxito de este tipo de películas. Sea como fuere, se acabó por convetir lo que podría haber sido un subgénero en un montón de títulos infumables ahogados en un pozo de casquería, muertes indiscriminadas sin motivo y escenas simplonas.
Gran escena copiada hasta la saciedad.

Teniendo en cuenta lo dicho, y a tenor de la escasez de propuestas interesantes, podemos decir que slasher más que un subgénero sería algo así como una corriente cinematografica puramente comercial nacida a la estela de uno de los mayores clásicos del cine de terror de la mano de John Carpenter, y que, aparte de la descrita Halloween, apenas tres o cuatro de sus títulos merecerían una mención en cualquier artículo de buen cine de terror.

El sábado fui a ver Rec, una película que cuando le pregunaba a alguien si la había visto, me respondía: “sí, he visto la dos y la tres”, y tenía que aclararles: “Que noo, SHRECK noo, R-E-C”

Sobre la película no tengo mucho que decir, así que mejor centraré mis esfuerzos en comentar el rato que pasé junto a un par de niñatas sentadas a mi lado en el patio de butacas.

Habiamos entrado en la sala y tomado asiento en una de las butacas de la zona lateral, yo me acababa de descalzar (esto me produce un alivio tremendo), en aquel momento, llegaron dos adolescentes. Ya habían apagado las luces y empezado los trailers, así que se metieron a toda prisa por el estrecho pasillo que separaba las filas de butacas. Siquiera me había dado tiempo a apartarme cuando una de ellas, la primera, ya había pisado mi pie descalzo, luego, la otra remató el pie cuando todavía no le había llegado a mi sistema nervioso la señal de dolor, así que, cuando el dolor llegó, fue doble. Pero, no conforme, la adolescente procedió a hacer lo propio en el pie que todavía estaba intacto, es decir, el otro. Mi reacción lógica e inmediata ante el dolor fue gritar: “¡joder, me van a matar!”. Ellas se giraron para pedir perdón -si no me hubiera quejado seguramente no lo hubieran hecho. Pero no acababa aquí la cosa. Una vez empezó la película, las dos niñatas no paraban de sollozar y respirar sonoramente por el miedo a sufrir un susto, y en cuanto llegaba el momento culminante, pegaban un grito seco y desgarrado, capaz de reventar el tímpano a un obrero de la construcción acostumbrado a perforar suelos y provisto de protecciones auditivas. Al principio hasta me hizo gracia y lo comentaba con mi pareja, pero cuando aquellos gritos desagradables se repetían una y otra vez cada vez que la película pretendía asustar, me empecé a mosquear. Lo único que lograba sobresaltarme en aquel lugar, además de ponerme de mala leche, no era el miedo que me producía la película por la que había pagado, sino el par de elementos que tenía al lado. La histeria empezó a apoderarse de mí, e incluso empecé a darle vueltas a la idea conspiranoica de que todo era una estrategia de los productores para compensar la mala calidad de su película pagando a extras que dieran sustos desde el patio de butacas, como si se tratara de una especie de túnel del terror o una peli de William Castle. Era tal mi desespero que me levanté de la butaca y me dirigí sigilosamente a la vitrina contra incendios. Me enrollé el jersey en el brazo y de un golpe seco rompí el cristal justo cuando la película pretendía asustar con otra de sus subidas de volumen. Cogí el extintor y me dirigí con sigilo hacia mi butaca. Me senté como si nada hubiera pasado. Mi pareja creyó que había ido al baño y las dos adolescentes permanecían fascinazadas ante lo que en la pantalla acontecía. De pronto, y aprovechando una nueva subida de volumen, levanté el extintor, que al interrumpir el haz del luz del proyector dibujó su sombra en la pantalla, y empecé a golpearlas vehementemente, repetidas veces, tantas veces como pude mientras duró la “terrorífica” escena que tenía lugar en la pantalla.

De pronto desperté, mi novia me advertía de que la película había acabado. Miré hacia al lado, y allí estaban las dos chicas, levantadas y poniéndose el abrigo.
Sus gritos habían penetrado en mi sueño y se habían convertido en protagonistas. Sobre la película, ni me preguntéis.

 

Si buscamos entre las películas más infravaloradas de los 90, casi siempre acaba sonando este título, El último gran héroe, un film que no cuajó entre el público ni la crítica pese a contar con estrellas tan en boga en aquella época como Arnold Schwarzenegger. Pero por muy paradójico que pueda resultar, precisamente esa podría ser la causa de su fracaso en taquilla, el hecho de que el público buscara otro éxito de acción más del mazas austriaco, quien, para sorpresa de muchos, protagonizó una película que se atreve a parodiar las películas que en su día lo llenaron de gloria.

Ver El último gran héroe es sumergirse en el sueño que todos hemos tenido alguna vez de niños, vivir en carne y hueso una película con nuestro héroe favorito y protagonizar junto a él las mayores aventuras, y de hecho esa es la esencia de esta película, cine dentro del cine, un viaje por las entrañas de aquellas cintas de acción de los 80 que muchos tuvimos la ocasión de disfrutar y que tantos buenos momentos de entretenimiento y diversión nos proporcionaron. Y todo esto, se refleja en El último gran héroe sin renunciar a su claro objetivo de ser otra película de evasión más que, sencillamente, juega a autoparodiarse; de hecho, ¿quien mejor que el propio McTiernan para atreverse a parodiar el cine que tan bien conoce?
La cinta de McTiernan tambien intenta dar homenajear, recurriendo de nuevo al “meta-cine”, al “personaje” como tal, aquel gran olvidado bajo el nombre del actor en los créditos, del que nos hemos llegado a enamorar, hemos querido como un amigo o hemos odiado a rabiar. Además funciona también como una representación de las diferencias entre el mundo real donde el tedio y las limitaciones las impone la propia realidad, y la magia del cine, donde cualquier cosa puede ocurrir y la emoción y acción están aseguradas.

Y me parece que con esto ya he enumerado suficientes razones como para tener en cuenta entre las películas de la década de los 90 a El último gran héroe. Un resumen a modo de parodia de lo que fue nuestro querido (para algunos) gran cine de acción de los 80.

Por fin el género de terror está de enhorabuena, y eso se lo debemos a la reciente adaptación que ha hecho el director Mikael Håfström de un relato del célebre Stephen King.

La película parte de una historia bastante típica: escritor que se aloja en un hotel y se enfrenta con lo sobrenatural. A simple vista no diríamos que estamos ante uno de los relatos más originales de King, ni da que pensar siquiera sobre una buena adaptación, sin embargo el director sueco logra captar con gran acierto sensaciones como la angustia o la soledad para plasmarlas en forma de pesadilla asfixiante, todo llevado a cabo con una dirección sólida que no necesita recurrir al típico susto fácil ni a los regueros de sangre de las películas estilo “Hostel”. 1408, aunque no deje de lado el típico carrusel de efectos especiales (que por lo menos aquí están a disposición de la historia, y no viceversa), es terror a la vieja usanza, del que se preocupaba en elaborar una atmósfera.

Sobre John Cusack, en quien recae buena parte del peso de la película, hay que decir que realiza un trabajo realmente bueno dentro de sus posibilidades. En cuanto a Samuel L. Jackson, la verdad es que se le echan en falta unos minutillos más en pantalla.

Sólo lamento que con la conclusión final el film pierda esa ambigüedad con la que acertadamente va jugando durante todo el metraje.
Pero como ha dicho alguno, se trata de un relato de King, y tampoco vamos a pedirle más peras al olmo.


Su cartel siempre me acojonó.

Nueva secuela de un éxito de los 80 que comentamos en este blog, y de nuevo nada que envidiar a la primera parte.
Además de funcionar a la perfección como continuación manteniendo los mismos personajes, la secuela de Tommy Lee Wallace (por cierto, ayudante de Carpenter en sus inicios) introduce nuevos y estupendos personajes como el hombre lobo o el come-insectos a lo Renfield (de hecho, la novela de Bram Stoker es referenciada aquí continuamente).
Los fx en esta segunda parte vuelven a estar al nivel de la primera, por lo que la diversión está asegurada.

Como curiosidad señalar que el actor que se alimenta de insectos, Brian Thompson, es conocido por sus papeles de secundario entre los que destaca el punkarra de Terminator o el asesino psicotico de Cobra.

Y nada más, si has visto la primera y te ha gustado, disfrutarás como un enano con esta segunda parte aún más terrorífica.

Hasta ahora, debido a algunos comentarios que había leído, me resistía a darle una oportunidad a ésta El vuelo del navegante, pensando que era una de esas típicas películas que te gustan de crío y luego cuando las ves de mayor te arrepientes de no haber seguido manteniéndola intacta en tu memoria. Pero ayer al fin, aún con los prejuicios que las críticas leídas me habían infundido, me decidí a echarle un vistazo.

De entrada y después de verla tengo que decir que me he dado cuenta de que o bien se había borrado completamente de mi memoria (lo cual no creo ya que recuerdo peliculas mucho peores de mi infancia) o bien no la había visto, lo cual es más probable, y la verdad no consideraría a esta película como una de ésas que con el paso de los años no se dejen ver.
En primer lugar tenemos una realización que, aunque con regustillo a telefilm, cuenta con una más que correcta dirección del director de Grease que nos brinda estupendas escenas a bordo de la nave a toda velocidad, así como nada más y nada menos que uno de los primeros usos de la técnica de “morphing” que convierte una vez más a Disney en pionera en el campo infografico. Por otro lado, el planteamiento de la historia es tratado con la suficiente seriedad como para ser visto por cualquier persona de cualquier edad y no tener la sensación de estar ante un producto destinado unicamente al público infantil, al igual que la línea de diálogos, que goza de la credibilidad suficiente como para poder tomársela medianamente en serio. Encima la música de Allan Silvestri (conocido por ser el compositor de la b.s.o. de Regreso al futuro) colabora aún más a darle esa aura mágica al film que lo convierte en un perfecto exponente del cine fantástico que se hacía en los 80. Y sí, supongo que la nostálgia que desprende también puede ayudar a que te cale más hondo…

Podemos achacarle un diseño de producción un tanto ramplón, así como un final especialmente ñoño, pero tampoco son detalles que eviten disfrutarla sin problemas si lo que quieres es sentirte como un niño gracias a esa magia que el cine fantástico sabía trasmitir sobre todo antaño.

Magnífica secuela de la exitosa Night of the Demons aún más delirante y salvaje. La acción esta vez se centra sobre todo en el campus universitario (y ya sabéis lo que esto significa: chicas desnudas, adolescentes en celo, etc) donde los protagonistas se verán amenazados por los poderes malignos de Angela que ha vuelto después de ser invocada por error. Aquí, además, podremos ver a Melissa, la hermana pequeña de Angela, que vive atemorizada por los hechos acontecidos años atrás en la famosa mansión.

La película cuenta también con la siempre estimulante presencia de Zoe Trilling, cuyo ataque tetil da muestras de lo bien aprovechados que están los estupendos fx en esta segunda entrega.


Zoe Trilling, su mejor aportación salta a la vista.

Como curiosidad, decir que Robert Rodriguez y Quentin Tatarantino con la gracieta de ir cogiendo de aquí y allá se fusilaron íntegros algunos gags de esta pelicula para Abierto hasta el amanecer.

Sin duda un caramelito para todo buen amante de la serie b de horror.

 

http://bizarrofilms.blogspot.com/2012/03/las-10-mejores-peliculas-de-zombies.html

 

Los 80 fueron una época muy productiva sobre todo en lo referido al cine fantástico y de terror, dejando alguna que otra joya muy de mi agrado. Aun así, no me considero como algunos,un obstinado seguidor de la mayor parte de este tipo de producciones en dicha década, ni tampoco Jóvenes Ocultos se encuentra entre mis títulos de cabecera, es más, la considero una horterada videoclipera. Pero a veces me gusta asomar la cabeza entre títulos más o menos olvidados de este género en busca de algo que como mínimo me entretenga y logre, segun mi criterio, ganarse el aprobado.

Rebuscando el otro día entre cintas olvidadas, di con Witchboard (Juego Diabólico), una entretenida película de terror que aborda con cierta seriedad el tema de la Ouija. Como muchas películas que se hicieron en aquella época, Witchboard está destinada al entretenimiento, pero como muchos sabréis esto no significa hacer un truño repleto de personajes planos y escenas vanales, sino una película que, pese a no profundizar en ciertos temas , consiga como mínimo su propósito dentro del género que toca sin insultar al intelecto del espectador, y en este aspecto el título que nos ocupa podría ser un claro exponente. Los jóvenes protagonistas, al contrario que en la mayoría de películas de este estilo tipo Viernes 13, no son inútiles sin cerebro que se pasean por la película esperando su turno para que los liquiden, sino personas normales aterrorizadas por un hecho escalofriante como es el contacto con el más allá mediante el tablero Ouija. Aparte, las escenas terroríficas están bastante bien resueltas, y el terror no está buscado a base de enseñar sangre, sino intentando mantener una atmósfera aterradora. Ah, y además el cartel que se hizo en su día para el film…magnífico.

Todo este protagonismo que le estoy dando a esta entrañable película ochentera, que en cierta manera puede parecer excesivo tratándose de una cinta que rasparía el aprobado y defrauda por esa parte final de la que personalmente esperaba más (suerte que posee uno de esos finales sorpresa típicos de los 80 que tanto me gustan), es lo mínimo que cabría esperar de una película perteneciente a uno de los géneros más vilipendiados en la actualidad, asqueado con tanto truño en forma de remake y demás horteradas dudosamente encuadradas en el género, y cuya búsqueda del terror se reduce a efectismos baratos y sustos aderezados con las subidas de volumen de turno.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.